Vivimos en base a un sistema operativo que está instalado en nuestra mente, y aunque no seamos del todo conscientes de con qué programa operamos, todos lo hacemos en base a esos condicionantes instalados. La buena noticia, es que esa programación, podemos modificarla, para ello lo primero que necesitamos es tomar conciencia de cuáles son los parámetros del programa que tenemos instalado.
Según diversos autores, la mayoría de las creencias que tenemos instaladas, se archivan en nuestro disco duro antes de los siete años, y van asociadas a una determinada emoción; cuanto más intensa haya sido la emoción en el momento de la instauración de la creencia, más arraigada está, y para poder cambiarla es necesario sustituirla por otra que también tenga una fuerte carga emocional.
En ocasiones, nos quejamos porque nuestro nivel económico ronda con demasiada frecuencia "llegar a fin de mes", y a veces decimos, me gustaría tener más dinero, ir más desahogado... sin embargo, es muy probable que en nuestro programa haya creencias del tipo: "el dinero corrompe", "el dinero no da la felicidad", "el dinero es sucio" o cualquier otra variante en este sentido en relación con el dinero. Aunque nosotros de manera consciente pensemos que queremos más dinero, para "darle la razón a las creencias que tenemos instaladas", haremos todo lo posible por boicotear el hecho de tener más dinero. En contrapartida, podemos tener creencias relacionadas con el dinero tales como "el dinero viene a mi con facilidad", "merezco tener una economía saneada", "agradezco al dinero que me permite seguir formándome", etc.
En determinadas ocasiones, cuando tomamos conciencia de una creencia que está operando en nosotros, nos damos cuenta de que esa creencia no es nuestra, aunque la tengamos instalada, en muchas ocasiones se trata de una creencia familiar, que nuestros padres también heredaron, y que se va pasando generación tras generación como si fuese la única opción posible, teniendo en cuenta además, que pocos se plantean cuáles son sus creencias, o lo que están transmitiendo a sus hijos.
Después de hacer el análisis de creencias que tenía instaladas, me he encontrado con que algunas de ellas, fueron vitales hace muchos años, para la supervivencia de mis abuelos, bisabuelos, etc. sin embargo, hemos continuado con ellas hasta hoy, simplemente porque no habíamos parado un momento a pensar sobre ello. Otras de las creencias, siguen estando en uso, y quiero mantenerlas.
Para poder decidir si queremos continuar con una creencia o no, la primera pregunta es ¿me limita o me potencia? Parece claro que si me limita, puedo modificarla por una que me potencie, y aquellas que me potencian, las mantendré para que sigan trabajando en mi beneficio.
Estoy a vuestra disposición para todos aquellos que queráis hacer trabajo con vuestras creencias.
Deseo que tengáis el mejor día posible.
Un abrazo,
Tamara Losada
tamaralosavan@gmail.com

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