Hace algún tiempo que andaba buscando mi camino, sabía que donde estaba no quería estar, pero no sabía dónde quería ir.
Una de mis características es la proactividad, es por eso que busqué mi camino en empleos de toda índole y condición, pero ninguno me satisfacía, en algunos estaba razonablemente bien, pero ninguno de ellos me hacía vibrar.
Hace algún tiempo descubrí el coaching, fue un congreso de fin de semana, el sábado estaba radiante, eufórica, notaba como todo mi ser se erizaba, pasé el día en un estado constante de emoción. Sentí que ahora sí que estaba en mi lugar, donde quería estar. El coaching era aquello que tanto tiempo llevaba buscando. No sabía a qué me dedicaría ni de qué manera el coaching podía integrarse en mi vida. Sin embargo, lo mejor estaba por llegar, el domingo descubrí mi PARA QUÉ, el propósito de mi vida, y curiosamente todo empezó a encajar... Algunos temas que hasta ahora me habían limitado tenían un propósito vital, y eran necesarios para poder desempeñar mi cometido. La sensación es algo así como que era necesario vivir todo lo que había vivido hasta este momento, algunas cosas tremendamente dolorosas, para poder cumplir ese cometido. Como si llevase treinta y tres años preparándome para mi gran debut, ahora estaba segura.
He preparado un cuento que explica cómo me sentí y me siento hoy:
Llegué a este mundo un caluroso día de Agosto de hace más de treinta años. Durante algunos meses, mis pies estuvieron descalzos, en ocasiones, con calcetines o patucos, unos meses más tarde, quizá 12 meses después, comencé a dar mis primeros pasitos, para eso mis padres gastaron más de lo que tenían para que los zapatos cumpliesen todas las normas pediátricas de la época, que fuesen ergonómicos, ni muy duros ni muy blandos, que transpirasen y un largo etcétera de condiciones. Efectivamente, comencé a andar, tiempo más tarde a saltar, a correr, y durante todo este tiempo, llevaba zapatos, los mejores en cada momento, los que más se adaptaban a mis necesidades... Con unos cinco años, tuve que comenzar a llevar botas ortopédicas, tenía los pies planos, y esa era la mejor solución para corregirlo. No eran nada estéticas, y menos si eras como la ratita presumida (que era el caso). Sin embargo, era un tema de salud, y no había nada que objetar, las botas ortopédicas eran lo mejor para mí. Años más tarde, como con ocho años, el podólogo decidió que ya no era necesario que siguiese utilizando aquellas botas, que ya me podía calzar normalmente. Todavía recuerdo aquella tarde en la zapatería ¡había tantos zapatos! ¡eran tan bonitos!... Mi madre cuenta que me probé todos los zapatos, sandalias y demás calzado de la tienda, me gustaban todos, no sabía cuál elegir... Ya no eran botas de color negro o azul marino, ahora había zapatos, sandalias, de mil colores, con flores, sin flores, con calados, lisos... ¡menudo lío! Así han ido pasando los años, y he ido calzándome, cada una de las compras de zapatos ha tenido una motivación diferente, en ocasiones lo importante es que fuesen cómodos, otras que fuesen bonitos, ir a la moda, que tuviesen tacón, cuña... Sin embargo, el día que descubrí mi para qué, sentí que tenía los zapatos más bonitos del mundo, aquellos que no me rozaban en ningún sitio, que no me quedaban un poco grandes, ni un poco pequeños, aquellos que alguien había diseñado ¡Sólo para mí! Con estos zapatos puedo bailar, saltar, correr...
Creo que hay gente que se pasa la vida comprando zapatos, pero no encuentra los suyos, en ocasiones porque no los busca, porque no sabe que existen... hoy quiero invitaos a todos a que si aún no tenéis vuestros zapatos especiales, los busquéis porque es la sensación más maravillosa del mundo.
El objetivo de este blog es ir dando información que a mi me ha servido para que todos podáis encontrar esos zapatos.
Os deseo el día más maravilloso que podáis imaginar.
Un fortísimo abrazo,
Tamara
Espero encontrar unos zapatos a mi medida. Felicidades
ResponderEliminar! Hola Tamara hace año ! hace años que soy " Bloguer " y me ha gustado verte por estos entornos on-line, e ire siguiendo pues me parece interesante lo que haces, yo he practicado bastante por mi profesión el couching comercial, no se si tiene algo que ver con lo que tu haces, pero luego intercambiamos opiniones. Por cierto aprovecho para pasarte la dirección de mi blog e invitaros a ti y a tu familia a que no acompañéis en una de nuestras rutas cada vez que os apetezca, un saludo: www.rutasysenderosenfamilia.blogspot.com
ResponderEliminarGracias Lydia y Paco! Formáis parte de mis nuevas adquisiciones personales, y es un gusto poder compartir con vosotros mis inquietudes... Estoy segura de que todos estaremos encantados de acompañaos en una ruta... Mil gracias. Un abrazote!!!!
ResponderEliminarYo conocí esas horribles botas... yo no supe hasta hoy lo equivocado que estaba. Estás mucho más guapa sin ellas y seguro que el "ortopeda", y lo que es más grave "tu padre" estabamos equivocados. Me alegra ver los dedos de tus pies disfrutando de tus nuevos zapatos. Millones de besos. TE QUIERO hija, eres un ser maravilloso. Siempre lo has sido.
ResponderEliminarSe que habéis hecho las cosas lo mejor que sabíais en cada momento, por eso, llevar botas ortopédicas, también era necesario, quizá para poder escribir ahora esta entrada en el blog.
EliminarGracias por tus palabras, son energía que me ayuda a continuar adelante. Te quiero un montón, gracias por ser mi maestro y por ser tan increíble.
Yo también tuve unos cuantos pares de esas horrorosas botas :(
ResponderEliminarEnhorabuena por el cuento, pero sobre todo por este INICIO.
Mil gracias!!!! Ana María, es para mí un orgullo poder compartir un trocito de mi vida con alguien tan maravilloso y especial como tú. ¡Enhorabuena por ser como eres! Un abrazo!!!
Eliminar